Papel Higiénico

El acto de limpiarse el ano tras defecar no siempre ha tenido como apoyo algún objeto en concreto, sino que la manera más usual de limpiarse era usando agua, nieve, hierba, hojas, piedras o arena, objetos de la naturaleza, que no se han diseñado específicamente para la tarea. Pero al largo de los siglos, el hombre ha empezado a usar objetos específicos para ese acto. Según las culturas, y las clases sociales, se usaban objetos distintos. Mientras que los aristócratas europeos usaban lana, los chinos ya habían empezado a usar papel, mientras que los japoneses comenzaron a usar largas tiras de madera. Pero no fue hasta comienzos del siglo XX que se empezó a producir y distribuir de forma extensa paquetes de papel higiénico.
Actualmente, se conoce al papel higiénico como un cilindro de cartón al cual van enrolladas varias hojas de papel. Pero también se puede encontrar con otras formas, como por ejemplo una caja con hojas a dentro.
El papel usado para los rollos de papel higiénico es un papel que se hace a partir de la pasta de papel de peor calidad, es decir que, dentro del ciclo de reciclaje del papel, el papel higiénico es la última etapa. Asimismo, el rollo de cartón suele estar hecho de un cartón reciclado y de mala calidad. Las hojas de papel están pensadas para disolverse dentro del agua, mientras que el rollo de cartón se tira a la papelera y se puede volver a reciclar.
Graficamente, y en cuanto a su textura, el papel se puede encontrar con cualquier aspecto, cualquier dibujo, cualquier color.
El rollo de papel higiénico suele ir acompañado de un porta papel higiénico. A este se le puede encontrar con casi cualquiera forma, y hecho de casi cualquier material.
El papel higiénico es un objeto que se ha de renovar frecuentemente, dado que se gasta con rapidez. Desde un punto de vista medioambiental, se puede considerar al papel higiénico como un objeto reciclado. Pero justamente por ser la última etapa de vida del papel, la pasta de la cual está compuesta está compuesta de una gran variedad de residuos tóxicos, por lo cual, el papel higiénico convencional no suele ser biodegradable, aunque algunos artículos en concreto sí que promueven este aspecto.
Llave

Las primeras llaves aparecieron hace unos 4000 años en Egipto. Siguiendo los avances tecnológicos, la llave se fue metamorfoseando, acabando siendo más ligera y fácil de llevar. Aunque lo tradicional es la llave de metal (no importa si sea de latón, bronce, acero u otro metal o aleación), hoy día se hacen llaves muy distintas. Es importante destacar las llaves electrónicas, como las que se usan para los coches, que juntan la llave tradicional a un sistema de apertura electrónico del coche, o simplemente se conforman con el sistema electrónico.
Aunque antiguamente las llaves tenían formas, medidas y gravados distintos según las culturas, hoy día la llave se ha monopolizado bastante, siguiendo un mismo patrón.
Actualmente, existen miles de distintos diseños de llaves, se encuentran con forma cilíndrica, de cruz, plana, etc. Asimismo, el color, o material puede variar enormemente, aunque este elemento sigue teniendo como base el metal. En cuanto a su producción, se usa una máquina especial, conocida como la duplicadora de llaves. Y que los modelos de llaves vienen ya hechos, sólo hace falta duplicar el dibujo de la llave original sobre la copia virgen.
La llave es un objeto que no se suele tirar, dado que puede tener un uso muy alargado. En unas cuantos excepciones, como por ejemplo cuando se cambia de cerradura, se tira la llave, pero al estar hecha (normalmente) de metal, se puede volver a fundir el material para volverlo a usar a posteriori.
La llave se usa muy a menudo, dado que sirve para abrir o cerrar recintos o objetos como coches o cajas fuertes. Por lo tanto, ha de ser un objeto resistente, por eso está normalmente hecho de metal. Se asocia siempre a la llave con la cerradura, dado que los dos son interdependientes.
Desde un punto de vista medioambiental, si está hecho de metal, y sin incluir las llaves electrónicas, se puede reciclar la llave tantas veces como necesario, aunque para hacerlo, se gaste mucha energía y genere mucha polución.
Desde un punto de vista moral, las llaves se asocian con un comportamiento individualista del ser humano, propio de las culturas occidentales adineradas. En culturas donde se comparten los bienes de manera colectiva, como la China rural, o países donde los límites de propiedad están marcados no sólo de manera material, sino psicológica (Canadá), no hacen falta llaves.
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