Antiguamente la sociedad se nutría de pocos objetos para su vida cotidiana. Estos solían tener un gran valor y acompañarles durante mucho tiempo, e incluso podían ser heredados de una generación a otra.
Nosotros hemos nacido en la sociedad del consumismo y la abundancia. Compramos y tiramos diariamente. Conceptos como el de la obsolescencia programada o la moda hacen que nos desprendamos de productos que ya no funcionan o que funcionan, pero ya no los usaríamos porque ya no están de moda y ya no tienen ningún valor, para substituirlos por otros nuevos. Empresas como IKEA han favorecido el hecho de que valoremos menos los objetos que tenemos a nuestro alrededor, que cambiemos los muebles constantemente o que creamos que todo debería ser baratísimo, ya que ellos son capaces de venderlo así de barato. No se trata tanto del precio, aunque es cierto que si un objeto tiene un precio elevado valoraremos más el esfuerzo que nos ha costado conseguirlo y no nos desprenderemos de él con tanta facilidad. Creo que se trata más del significado que tiene ese objeto para nosotros, su capacidad para adaptarse a las distintas etapas de nuestra vida y envejecer con nosotros de una forma digna.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.